Hay una conversación que la dirección de casi cualquier constructora mantiene hoy en voz baja: encontrar y retener buenos técnicos se ha vuelto una tarea agotadora. No es una impresión aislada. En el estudio demoscópico del sector de la construcción y la reforma elaborado por AEI Xperience en septiembre de 2025, el 49,8 % de los profesionales identifica la falta de mano de obra cualificada como el principal obstáculo para hacer crecer su actividad, por delante del coste de los materiales o de la burocracia. La consultora Hays eleva la cifra al terreno empresarial: el 94 % de las compañías de construcción e inmobiliario en España reconoce dificultades para captar talento cualificado. Y el Observatorio Inmobiliario de BBVA, en su informe de junio de 2025, es tajante: el déficit de personal es la barrera más importante para el desarrollo del sector, por encima de los materiales y de las restricciones financieras.
El foco mediático suele apuntar a los oficios de obra —albañiles, encofradores, instaladores—, donde se calcula un déficit de 700.000 trabajadores y donde las vacantes sin cubrir se han multiplicado por cuatro entre 2016 y 2024. Pero la tensión no se detiene en el tajo. Sube por la organización hasta llegar al lugar donde se decide, en buena medida, la supervivencia comercial de la empresa: el departamento de estudios.
El cuello de botella invisible está en el departamento de estudios
Los perfiles que más escasean son los que tienen competencias de ingeniería y arquitectura y, además, capacidades digitales a la vez, y admite que son cada vez más difíciles de encontrar. Ese es exactamente el perfil de un buen técnico de estudios: alguien capaz de leer un pliego con criterio, entender un proyecto constructivo, coordinar planificación y certificaciones, dominar herramientas de representación gráfica y, además, escribir con la solvencia técnica que exige una oferta.
La consecuencia es un cuello de botella silencioso. Mientras el número de licitaciones crece, el equipo de estudios —muchas veces una o dos personas— acumula concursos simultáneos con fechas de presentación solapadas. La escasez de estos perfiles hace que reforzar el equipo sea lento y caro, cuando es posible. Y aquí empieza el verdadero problema económico, que no se mide en salarios sino en concursos perdidos.
Un departamento de estudios saturado no falla por falta de conocimiento: falla por falta de tiempo. Y cuando el tiempo aprieta, aparecen dos patrones que hunden la puntuación en los criterios sujetos a juicio de valor.
La sobrecarga de los departamentos de estudios provoca memorias de baja calidad
Un departamento de estudios saturado no falla por falta de conocimiento: falla por falta de tiempo. Y cuando el tiempo aprieta, aparecen dos patrones que hunden la puntuación en los criterios sujetos a juicio de valor.
El primero es presentar lo mínimo imprescindible para cumplir, sin analizar el pliego en profundidad ni construir una oferta técnica de calidad.
El segundo, más habitual y más dañino, es el copiar y pegar: se reaprovecha una memoria de una obra anterior, se cambian los datos gruesos y se entrega. El evaluador, que ha leído decenas de ofertas, detecta de inmediato una memoria genérica y la penaliza en consecuencia.
El daño es tan concreto como cuantificable. En un concurso donde el juicio de valor pondera, por ejemplo, 40 puntos sobre 100, una memoria mediocre puede costar 15 o 20 puntos frente a una oferta bien trabajada. Esa diferencia decide adjudicaciones.
Dejar de ver como un gasto la externalización de licitaciones
El error de partida es contable antes que estratégico. Muchas constructoras tratan la redacción de la memoria como un coste de estructura que hay que absorber, y la ajustan a la baja cuando el equipo interno no llega. Pero la memoria no es un coste de estructura: es la palanca comercial que determina si se factura o no una obra completa.
La externalización de la redacción técnica hace algo que un departamento interno no puede hacer por su propia naturaleza: convierte un coste fijo estructural en un coste variable ligado a la actividad. Mantener internamente a técnicos especializados es un gasto que corre los doce meses del año, haya o no licitaciones que preparar. Es un gasto que, además, encarece cada vez más: la competencia por captar perfiles cualificados está tensando los salarios técnicos al alza en todo el sector.
Al externalizar, ese gasto fijo desaparece y se sustituye por un coste que solo se activa cuando hay un concurso que preparar, y que se puede imputar directamente a la operación concreta.
El ahorro concreto depende de cada empresa, pero la lógica es incontestable: se paga por producción, no por mantener una capacidad ociosa buena parte del año.
El volumen de licitaciones no es constante en el tiempo
Hay un segundo beneficio, tan importante como el ahorro, que resuelve directamente el cuello de botella. El volumen de licitaciones no es constante en el tiempo, sino que va a rachas. Un departamento interno se dimensiona necesariamente para el promedio, porque dimensionarlo para el pico sería inviable y, por tanto, colapsa justo cuando más concursos coinciden, que es cuando más importa presentar bien.
Un socio externo especializado absorbe esos picos sin que la constructora tenga que asumir el coste de una plantilla sobredimensionada. Cuando entran cinco licitaciones en la misma quincena, el equipo externo escala; cuando el mes es tranquilo, no se paga por una capacidad que no se usa. Esa elasticidad es, en la práctica, imposible de replicar con recursos internos sin disparar el coste fijo.
El papel de JyRingenieros
En JyRingenieros llevamos más de veinte años dedicados en exclusiva a que nuestros clientes obtengan la máxima puntuación posible en los criterios de adjudicación que dependen de juicios de valor. No preparamos memorias como una tarea más dentro de una cartera dispersa. Es nuestra especialidad y nuestro oficio.
Eso significa que absorbemos los picos de licitación sin que su empresa tenga que sostener una estructura fija durante todo el año. Analizamos el pliego y el proyecto, redactamos memorias descriptivas y procesos constructivos adaptados a cada obra, definimos la implantación de instalaciones y los equipos previstos, programamos los trabajos, planificamos las certificaciones mensuales, resolvemos servicios afectados y reposiciones, diseñamos propuestas de mejora con valor real y acompañamos todo ello con reportajes fotográficos de alta calidad y los apartados de calidad, medioambiente y seguridad y salud. Trabajamos en exclusiva para cada cliente y tratamos toda la información de forma estrictamente confidencial.
Nuestro objetivo no es entregar un documento: es intentar que la memoria técnica presentada se diferencie de sus competidores y decante la adjudicación a favor de nuestro cliente.
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